El formato audiovisual y en concreto el vídeo se ha transformado en el lenguaje natural de la sociedad actual. Esto se debe a la cantidad tan grande de información que puede transmitir en muy poco tiempo. Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras. Así que, podemos decir que un vídeo de tan sólo dos minutos, a 25 fotogramas por segundo, vale más que tres millones de palabras. Bueno, esto es tan sólo una pequeña broma. Si fuera estrictamente cierto hubiéramos sustituido este post de aproximadamente 500 palabras por media imagen.

Es innegable que el formato vídeo resulta totalmente idóneo a la hora de transmitir un mensaje. Sí, las palabras están muy bien y en algunos aspectos son insustituibles, pero las frases pueden depender demasiado del contexto. Una imagen necesita menos interpretación; es más directa, representa una idea. Un vídeo, además, puede contar toda una historia.

Desde el primer cavernícola gruñendo hazañas fabulosas ante los demás miembros de su grupo alrededor del fuego, hemos pasado por el teatro y el cine para contar historias o que nos las cuenten. A veces son hechos reales, a veces fantasías. En los tiempos actuales, en cambio, también se hace con otros propósitos, como puede ser la publicidad.

Las modernas técnicas de edición de vídeo y postproducción pueden hacer que cualquiera haga un vídeo espectacular sentado tranquilamente (o a veces no tan tranquilamente) frente a un ordenador. Ya no necesitamos complicadas máquinas de corte, productos químicos, etc… para la edición. Tampoco estamos obligados a montar un aparatoso dispositivo para crear una explosión. Todas estas cosas se pueden hacer mediante clicks de ratón.
Cuando nos adentramos en este mundo y comenzamos a ver que tenemos el poder, nos damos cuenta de que hay pocas barreras para nuestra creatividad; de que lo podemos hacer prácticamente todo y de que podemos sacar de nuestra cabeza las cosas que siempre habíamos pensado que quedarían ahí confinadas. Podremos expresarnos tal y como deseamos.

Además da la casualidad de que es muy divertido. Aplicas un efecto y cuando ves el resultado dices “wow”. Luego te da por probar otro efectos y sueltas un “wooooow”. Es un apasionante mundo de descubrimientos, uno tras otros, como cuando somos niños.
Este mundillo también nos acerca a otras áreas: fotografía, animación tradicional, dibujo o incluso matemáticas y física (de la de andar por casa, no temáis). El aprendizaje de estas técnicas hace el viaje más interesante si cabe; cuando aprendemos acerca de colores, dinámicas, etc… estamos aprendido también algo acerca del mundo natural.

En definitiva, el vídeo y la postproducción resulta una materia increíblemente atractiva por como medio de comunicación pero también a modo de realización de personal. Seguro que ese cavernícola bajo las estrellas pensaba “Ah!! Ojalá pudiera transmitirle a mis amigos lo que les estoy contando tal y como lo tengo en la cabeza”. Pues bien, hoy podemos!