¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.

¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres tú.

Seguramente más de uno, y de una, se quede con los ojos a cuadros si aterriza en este blog y se encuentra de bruces con cuatro de los más célebres versos de Gustavo Adolfo Bécquer. Y más si a continuación añado que el marketing, si es algo, es justamente poesía. Nada más, y nada menos, que poesía.

Al marketing le sucede lo mismo que a la lírica descrita por Bécquer: que marketing eres tú. Y tú. Y también tú. Aquí marketing hacemos todos, y todas, afirmación que a cualquiera que se deje las pestañas en este oficio le sentará como una punzada en el estómago. No es culpa mía. En esencia, marketing es algo que hacemos desde que tomamos conciencia de que la mayor parte de la vida que nos queda por vivir, más o menos lúcida, va a ser un comer sin que te coman. Cada día que pasa construimos nuestro mercado, fidelizamos a quienes nos producen bienestar, ensanchamos el ámbito en el que lograr nuestras aspiraciones y procuramos imitar, y mejorar, a quienes nos sirven de inspiración. Los débiles de espíritu, los apocados y los envidiosos juegan una liga similar… pero allá ellos con sus cuitas. Yo juego al marketing limpio. Y eficaz. O al menos al más limpio y eficaz que pueda jugar sin ser comido.

No es el único motivo por el que el marketing, por el que todo el mundo pregunta mientras clava en la pupila de alguien su currículum vítae, eres tú. Y tú. Y también tú. Hay otro: desde que el marketing es uno de los santos griales que sirven para poner en el historial y que luzca con chulería y donosura, aquí hace marketing hasta ese que, refranero mediante, incluso él hace relojes de madera. Informáticos que controlan todos los procesos de la empresa, ergo hacen marketing; comerciales que venden lo que haya que vender, por tanto son los amos del marketing; y una de mis tribus preferidas, porque de ella vengo, la de los periodistas que se han (nos hemos) pasado al lado oscuro y hemos creído que comunicar bueno, bonito y barato es la pasarela hacia el éxito de cualquier empresa en cualquier mercado, y se consideran (nos consideramos), los nuevos magos pop del marketing. Si a ello le sumas las redes sociales entonces esto ya es un agárrate y no te menees: entre comiunitimanayers, sousialmidia, sousialestrateyis y onlainmanayers, aquí hace marketing cualquier mono de feria. Y lo pone en LinkedIn: marketing specialist como primera advertencia, y a poco que te despistes también CMO.

¿Corporativista, dices? ¿Yo? No, todo lo contrario. Creo en el libre mercado y en la competencia. Cada cual que presuma de lo que quiera, porque al final la única denominación de origen calificada… ¿Sabes cuál es? La que hace que tu jefe o jefa, tu cliente o clienta, o tu empresa o empreso (si es que tienes agallas o agallos de montar una en este país), venda más, y mejor. Y si además lo consigue sin hacer daño a nadie y tomando como filosofía troncal la de aportar un bien, un producto, un servicio o un valor a la sociedad que sea innovador, que satisfaga una necesidad a un precio justo, o que abra nuevas vías de mercado para todo el mundo, no solo habrás demostrado ser un profesional como la copa de un pino, sino además ser alguien útil para el mundo con el que convives.

¿Que lo quieres llamar marketing? Llámalo marketing. Quizá hay nombres mejores, pero ese tiene hasta gracia. Sonoridad. Lírica. Es poesía. Fíjate lo que te digo.